Capítulo 6: La realidad palestina, manifestaciones, aceitunas y el infierno en la tierra (Hebrón)

Y lo que verían mis ojos durante esas semanas es algo que aunque te lo expliquen no puedes entenderlo hasta que no lo vives en “tus propias carnes”. Todo comenzó con un viaje a un pueblo (de cuyo nombre no quiero acordarme-ncionar, como diría Don Quijote) del norte de Palestina para informarme sobre las actividades que lleva a cabo una ONG llamada ISM (International Solidarity Movement) cuyos principios fundamentales son la resistencia no violenta, antiracismo y respeto por los derechos humanos. Tras varios días de “ingerir” una gran cantidad de conceptos (y también falafel que era el único sustento comestible que me mantenía con vida) junto a otros voluntarios internacionales, llegó el momento de mirar cara a cara a la realidad palestina, la realidad que lleva sufriendo esta gente más de 60 años y cuya luz al final del túnel cada vez parece más lejana.

Nos desplazamos hasta el pequeño pueblo de Nabi Saleh (curiosamente muy cerca de Birzeit, donde actualmente resido) para participar en la manifestación que cada viernes, después de la oración del medio día (الظهر) se realiza, no sólo en esta alquería sino en todos los lugares de Palestina donde a lo largo del tiempo se han ido instalando asentamientos ILEGALES de colonos israelíes con el consiguiente ROBO de tierras, casas, recursos naturales, etc. a la población palestina. A nuestra llegada una tensa calma nos recibió, o quizá sólo era yo el que lo sentía de esa manera al tratarse de mi primera “manifa”. Lo cierto es que mientras esperábamos al final del rezo, la gente iba llegando a cuentagotas, de hecho Houda me comentaba que otras veces que ella había estado allí la afluencia de gente era mucho mayor. No estábamos más de 20 personas, curiosamente la mayoría extranjeros, y más curiosamente aún si cabe, una amplia representación de israelíes en contra de la política de su propio gobierno. 12106787_10153407019519145_1196115423457152633_n“Chapó” para estas personas porque no es fácil pensar (y aún menos actuar) de esta manera en este lugar donde desde mi punto de vista el lavado de cerebro sionista es el deporte nacional. Pues bien, nos pusimos en marcha colina arriba para ir descendiendo poco a poco por la otra cara de la montaña con el objetivo de sentarnos en unas piedras para mostrar el descontento, indignación y miles de calificativos ante una situación que parece sacada de un libro de ciencia ficción. Por primera vez en toda mi vida pude saber a que huele la injusticia. Allí estábamos, sentados en mitad de la montaña, a unos 200 metros del asentamiento ILEGAL de Halamish, y con el ejército israelí llegando en “jeeps” a la falda de la montaña. Como marionetas dirigidas por algún hilo invisible comenzaron a desplazarse con movimientos militares (igual que una pantalla del mítico juego Commandos, aunque no lograba divisar al Boina Verde) como si enfrente tuvieran a un súper ejército espartano con la friolera cantidad de 20 unidades. Pues estos “hijos de su madre” (aunque sus madres no tengan la culpa, ¿o quizás si?, porque hay algunas colonas que desayunan, comen, meriendan y cenan odio a todo lo que no sea judío) sin mediar palabra comenzaron a lanzarnos gases lacrimógenos como el que lanza serpentinas en la cabalgata de los Reyes Magos (ver vídeo). 12049229_10153407019324145_1861095526031474172_nRecapitulo por si la «absurdez» de la historia os ha impedido entenderla al igual que me sigue pasando a mí. 20 personas, andando montaña abajo, sentadas en unas piedras, sin ningún tipo de violencia o de provocación, son “recibidas cariñosamente” con gases lacrimógenos por un séquito de depravados mentales que en su afán por mostrar “quién la tiene más larga” ni siquiera tuvieron en cuenta la presencia de personas mayores que a duras penas podían andar por la montaña. De hecho cuando comenzó “el festival del humo”, tuve que ayudar a una señora (una de las que formaban la representación israelí) a intentar salir del “plató de lluvia de estrellas” para poder respirar. Cuando hicimos cumbre y logramos salir de la humareda, llegaron 3 shabab (jóvenes) de no más de 13 años que comenzaron a lanzar piedras contra los alrededor de 15 soldados que cual sherpa nepalí con mochila iban avanzando metros. Si la escena que he relatado es surrealista, lo que ocurriría a continuación se podría definir como la absurdez elevada a la enésima potencia. Más anchos que largos, los soldados comenzaron a disparar primero balas de goma (ojo que depende de dónde te dé puede ser mortal), pero no contentos con eso llegaron incluso a emplear fuego real, ¡¡BALAS DE VERDAD contra 3 niños lanzando piedras!!, ¡¡qué alguien me lo explique!!. Tras ver que la situación se estaba poniendo un poco fea, decidimos volver para refugiarnos en el jardín de la casa de un vecino desde donde podíamos divisar que la entrada del pueblo había sido bloqueada por un grupo de soldados. CAM00317De repente apareció una ambulancia, que tenía como destino la propia casa en la que estábamos para atender a una chica que había inhalado gas, aunque su camino se vio truncado por esta repentina muralla de ¿hombres? que retuvieron al vehículo por más de 40 minutos. ¡Toma ya!. En cuestión de una hora y poco, esta “gente” se había pasado gran parte de la declaración de los derechos humanos por el bajo vientre, por no decir por los HUEVOS. Tras esperar un rato, decidimos poner rumbo hacia nuestro segundo destino, aunque el “service” (taxi compartido) tuvo que emplear una ruta alternativa porque la carretera principal seguía cortada por ese puñado de trozos de carne sin alma.

Captura de pantalla 2015-11-16 20.30.09La segunda y última parada del día era el asentamiento ILEGAL de Beit El (بيت أيل) situado en el noreste de Ramallah, establecido en 1977 y que actualmente cuenta con una población de 6.000 personas. Suele ser el lugar donde más shabab (jóvenes) se suelen congregar al igual que medios de comunicación. Para cuando nosotros llegamos la «función» ya había comenzado y como cualquier manifestación tenía sus propias peculiaridades. Se trataba de un asentamiento pared con pared con Ramallah, quedando a un lado de la carretera la ciudad y al otro el asentamiento cuyo acceso era una pequeña carretera (aunque los colonos tienen sus propias carreteras privadas que solo pueden utilizar ellos) en mitad de una explanada con campos de cultivo. La escena juntaba todos los ingredientes para convertirse en una batalla campal, como así sería. Nosotros nos situamos a un lado, en un terreno elevado para poder visualizar y grabar todo lo que pasaba. CAM00326Me sorprendió ver que la mayoría de los periodistas y cámaras usaban chalecos antibalas, cascos y máscaras de gas (en mi segunda visita a Beit El entendería el por qué, os lo contaré en el siguiente capítulo, ver vídeo). Las cosas se desarrollaron igual que en Nabi Saleh, primero gases lacrimógenos, segundo balas de goma y por último fuego real. En un par de ocasiones la ambulancia tuvo que adentrarse para recoger a un par de shabab que desde la lejanía parecía que habían sido heridos por balas de goma. Algunos intentaban aproximarse más a los soldados para que los lanzamientos de piedras  los intimidasen de alguna manera, pero la realidad es que mientras unos usaban armas del siglo XXI, otros parecían haber salido de Atapuerca con sus rudimentarias hondas hechas por ellos mismos y cuyo alcance era muy reducido. CAM00322Tras ver el dantesco espectáculo me marché de allí pensativo e intentando asimilar todo lo que había estado viendo ese día, ni una vaca con sus 4 estómagos sería capaz de digerirlo.

Por la noche volvimos al norte de Palestina ya que fuimos invitados a cenar en casa de una de las familias con las que ISM colabora para que puedan realizar la recogida de aceitunas en sus campos de olivos, evitando así que el ejército les impida o dificulte el acceso o incluso que muchos árboles ardan como ya ha habido casos. En esa cena improvisada me «prepararon el cuerpo» para el día siguiente en el que iba a ayudar a una familia en Beit Furiq, un pueblo cerca de Nablus, con los olivos. Un buen hombre inglés me comentó sus experiencias tan variopintas como haber sido herido con el lanzamiento de piedras por parte de colonos hasta haber sufrido el intento de detención por parte de el ejército por el gravísimo hecho de coger aceitunas.

Al día siguiente Houda y un servidor nos desplazamos hasta el pueblo en cuestión, estábamos excitados porque habíamos quedado con «Mohammed el Bombero» quien iba a ser nuestro nexo de unión con la familia con la que íbamos a pasar el día, de hecho él era sobrino de un espectacular personaje llamado Abu Halawa (porque le encantaba comer ese dulce árabe llamado halawa). Este libro viviente de 86 años se subía a los árboles cual cabra marroquí sobre el árbol de argán mientras sus hijos y sobrino se entretenían con nosotros. Yo creo que sólo Abu Halawa cogió más aceitunas que todos nosotros juntos a lo largo del día. Cuando hicimos un descanso para comer (no sé si era desayuno o almuerzo porque era a una hora intermedia), 12109231_10153642128294720_6498355784397494325_neste buen hombre nos contó que tenía más tierras pero que desde hace más de 20 años no puede visitarlas por prohibición del ejército israelí. Tras la «dura» jornada de recogida de aceitunas nos invitaron a pasar un rato en su casa para tomar un té, Houda y yo aceptamos sin pensárnoslo dos veces. El camino hacia la casa de esta familia fue peculiar, mientras nosotros nos subimos en el remolque del tractor, Abu Halawa se fue a lomos de un caballo al más puro estilo de Yuha (o Nasreddin Hoca para los turcos). Al llegar al domicilio sucederían unas cuantas cosas curiosas. Primeramente «invitaron» a Houda a subir a la habitación de las mujeres y a mí al salón varonil, al entrar (me descalcé por supuesto) me lavé las manos y me senté en la alfombra mientras unos de los hijos de Abu Halawa rezaba. 12036789_10153642126974720_639439129399212228_nCuando hubo terminado me miró con «la cara torcida» y me dijo que qué hacía en el suelo, que por qué no me sentaba en el sofá. Mi respuesta fue que estaba sucio de todo el día trabajando en el campo y no quería mancharlo, a lo que él contestó: «¡luego vienen las mujeres y lo limpian, para eso están!». Lógicamente obvié hacer ningún comentario en contra de ese «argumento tan sólido». El tiempo pasaba y me preguntaba sobre como lo tenía que estar pasando Houda en la «fiesta de pijamas» que tenían montada en la planta de arriba, luego me confesó que se había sentido como una extraterrestre a la que todas miraban como si hubiese acabado de aterrizar en su OVNI, preguntándole por supuesto por si estaba casada, si tenía hijos, etc. La comunicación fue difícil porque ni ella sabe árabe ni las demás mujeres hablaban inglés, solamente otro familiar que pululaba por allí pudo hacer de intérprete y solventar las dudas existenciales de aquellas señoras. Tras despedirnos al más puro estilo «celebrity», y antes de que nos llevasen en coche hasta Nablus, Mohammed el Bombero y su primo nos dieron un tour por el pueblo mostrándonos los «sitios de interés» como el lugar donde se encontraba la farmacia, el salón de juego y la casa del alcalde. 11986947_10153642127504720_7953994734437979989_nAdemás de pararse en cada esquina y mostrarle a sus amigos el «par de ejemplares venidos de otra galaxia» con el que habían pasado el día. Ahora sé como se sienten los animales del programa ¡Vaya Fauna!. Por cierto se me olvidaba comentar que en la carretera entre Beit Furiq y Nablus el ejército israelí ha instalado una cámara de vigilancia sujetada a un globo, eso o que estaban preparando una piñata para el cumpleaños del «Gigante Verde».

Terminó ese fin de semana de locura y volví a la tranquilidad de Birzeit. Los siguientes días se atisbaban tranquilos, y así fue, mis pertinentes clases en la universidad, haciendo la compra en el baqal de mi amigo americano-brasileño-palestino y disfrutando de alguna cerveza en el tugurio de Ramallah. En mitad de la semana acudiría a una reunión en uno de los muchos edificios que tiene la ONU en Ramallah. Allí nos dimos cita gente de diferentes ONG o asociaciones para actualizar y poner en conocimiento de todos lo que había ocurrido en las últimas semanas en lo referente a la recogida de aceitunas. Lo más destacable del meeting fue cuando salió a la palestra el tema de los problemas que habían tenido los voluntarios de la ONG en la que colaboro (ISM) en la ciudad de Hebrón. Y el problema era realmente gordo, tan gordo que uno de los voluntarios abandonó el país debido a que los colonos les habían sacado fotos mientras ayudaban a familias palestinas en la recogida de aceitunas y habían colocado sus caras en la pared de la casa en la que se alojaban. Debajo de las fotos había una frase-amenaza que rezaba lo siguiente: “Estos no son turistas, son anarquistas antisemitas. Ya sabéis lo que hacer”. Creo que es algo gravísimo que coloquen tu cara al más puro estilo “wanted” como en el lejano oeste y que las autoridades israelíes no hagan nada al respecto, pero claro que van a hacer si son como uña y carne, aunque quizá sea mas gráfico decir que son como mierda y papel higiénico.

Y como necesitaban apoyo nuestros compañeros de Hebrón (aunque yo siempre la llamo Al-Khalil (الخليل) que es como se dice en árabe) allí que nos fuimos Houda y yo. El viaje no tendría que ser muy largo ya que las distancias en este país (Palestina) son cortas, pero por todas las restricciones que hay (checkpoints, prohibición de circular por algunas carreteras, etc.) el “service” (me gusta mucho más la palabra turca dolmuş para referirme a estos taxis compartidos) tiene que dar un gran rodeo y “esquivar” Al-Quds (Jerusalén), con lo que el camino se alarga un poquito. Si a eso le sumamos el desnivel del terreno no sería descabellado decir que estuve 2 horas subido en una montaña rusa para hacer 50 km. Hebrón es una ciudad muy conservadora, famosa por sus fábricas de vidrio, cooperativa textil y por la Mezquita de Ibrahim (lugar venerado por musulmanes y judíos). Pero la peculiaridad que tiene es que los asentamientos no están a las afueras de la ciudad, sino que se encuentran en pleno centro. Así que como os podréis imaginar hay Checkpoints en mitad de algunas calles, es lo más parecido a Raccoon City (la ciudad del Resident Evil 3) que he visto, si me apuráis os diré que el juego está basado en esta ciudad. Pues bien, nuestra casa en Hebrón se encuentra quizá en el punto más caliente, en Tel Rumeida, donde familias palestinas tratan de vivir y resistir el acoso diario tanto de colonos (que ILEGALMENTE se han establecido en el barrio) como del ejército. Nosotros aunque no somos palestinos también lo sufrimos, pero de diferente manera (al menos no nos disparan, aunque no me hace mucha gracia que me apunten con la metralleta de aquella «manera disimulada» con perversa y demoníaca sonrisa). Bajamos del “service” y el ambiente era totalmente diferente, acostumbrado a Ramallah en el que prácticamente eres uno más y no “das tanto el cante”, aquí la gente te miraba de otra manera, eran simpáticos y todos te decían “Welcome!”, pero no están tan acostumbrados a ver extranjeros. Si fue chocante para mí, imaginaos lo que puede sentir una mujer (extranjera) cuya presencia levanta la atención de toda la calle y de la calle de atrás. ¡Pobre Houda!.

Digital imageEmprendimos el camino de casa para “soltar los bártulos” y de repente lo que era una calle normal se tornó oscura y malévola. Delante nuestra el Checkpoint 56 que daba acceso a Tel Rumeida, nuestro barrio. Si hubiera habido un ligero olor a azufre habría jurado por “Juan y Medio” que se trataba de la mismísima puerta del infierno. No tuvimos problema para pasarlo ya que el día estaba tranquilo aunque en las siguientes horas todo cambiaría y la absurdez e injusticia se adueñarían de Tel Rumeida. CAM00341En la puerta de la casa había permanentemente, las 24 horas del día, un grupo de centinelas vigilando en todo momento lo que hacíamos. Entraba a la casa, me pedían el pasaporte, salía de la casa, me lo volvían a pedir, iba a la tienda de la esquina a comprarme una bolsa de “Risketos” y nuevamente la mosca cojonera con metralleta en mano exigiendo los ¡papeles, papeles!. Pero algo totalmente insano se estaba cociendo, y es que los soldados estaban llevando a cabo un censo de las familias palestinas que vivían en el barrio para tener un control total del número de personas y del lugar en el que residen. El censo lo realizaron en una tarde, familia que no se enterase de la realización de esta lista para gente “VIP”, familia que no podría volver a su casa (y es que como la situación estaba un poco complicada muchas familias habían optado por dormir fuera de este barrio por miedo a que los colonos intentasen atentar contra sus casas). CAM00344Decir que el ambiente estaba muy tenso porque tan solo un par de días antes el ejército israelí había asesinado a un chaval palestino justo enfrente de nuestra casa, y digo asesinar porque uno de los voluntarios fue testigo de cómo primeramente los soldados lo chequearon, lo dejaron pasar y cuando anduvo unos 10 metros lo fusilaron por la espalda. Luego para excusarse de lo ocurrido, los soldados le colocaron un cuchillo en la mano con lo que automáticamente pasó a ser considerado terrorista y cualquier acto está justificado, no sólo contra el “supuesto terrorista”, sino que también la casa de sus familiares automáticamente es demolida. Sí, como estáis leyendo. Vamos a hacer un alto y a reescribir para simplificar lo insensato. Se lleva a cabo un censo por parte de unos “entes” que ilegalmente están controlando un lugar donde no deberían estar, este censo se hace porque dos días antes ellos mismos han asesinado a un chaval que se dirigía hacia su casa, declaran el lugar como “Close Military Zone” (zona militar cerrada) y empiezan a anotar el nombre de todos los residentes palestinos (por supuesto los judíos no), si alguno ha tenido la mala suerte de no enterarse, ¡ahhh se siente!, no podrá volver a su casa. CAM00351Si encontráis una palabra que pueda expresar todo esto decídmelo por favor porque yo no la conozco. Pero la fiesta seguía, no contentos con todo esto empezaron a llegar camiones portando bloques de cemento y casetas prefabricadas (pensaba que eran los vestuarios que durante algunos años “disfrutamos en el Complejo Deportivo Tito Pedro”) sin previo aviso, no sabíamos muy bien para qué aunque tras una noche trabajando al día siguiente pudimos ver lo que parecía un puesto de vigilancia o algo similar porque al igual que en Beit Furiq habían instalado un globo-cámara que como en el “Show de Truman” lo vería todo.

Después de todo un día un tanto diferente a lo que estaba acostumbrado, disfruté como agua de mayo la hora de tertulia del programa Zona Mixta de Candil Radio e Indalo FM ya que realmente mi cerebro necesitaba desconectar de todo lo irracional de lo que había sido testigo. Me tuve que subir a la azotea para tener mejor «wi-fi» y los soldados, cual moáis de la Isla de Pascua, seguían en la puerta de la casa sin quitarme el ojo de encima mostrando un cierto interés o en la lesión de Dubarbier, o en mi caminar de lado a lado. Siempre me quedará esa eterna duda.

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El día siguiente íbamos a tomar parte de nuevo en una manifestación que como casi todas desembocaría en altercados. Esta vez se trataba de la típica escena que se muestra en las televisiones del mundo con miles de personas siguiendo en procesión el cuerpo de una o varias personas muertas, entonando cánticos y mostrando su indignación con lo ocurrido (ver vídeo). Decir que nosotros como voluntarios internacionales estuvimos presentes porque esas personas que habían muerto habían sido asesinadas. Cosa bastante diferente hubiera sido si hubiesen muerto en el intento de terminar con la vida de un colono o un soldado, en tal caso nuestra presencia no se hubiera producido. Pues allí estábamos según cuentan más de 55 mil personas desfilando, había de todo, hombres, mujeres, niños y niñas, prensa local, prensa internacional, voluntarios internacionales e incluso extranjeros que no pertenecían a ninguna ONG. Digital imageTras terminar todo el ritual del entierro comenzaron los enfrentamientos justo en el checkpoint por el que teníamos que pasar para volver a la casa. Tuvimos que coger una ruta alternativa (un camino de cabras vamos) para saltarnos ese puesto de control (ya que la situación era bastante tensa) y poder llegar a casa. Durante toda esa tarde los enfrentamientos se sucedieron y desde la azotea se podía divisar una gran humareda negra, se escuchaban disparos, se veían volar gases lacrimógenos, sirenas de ambulancias, etc.(ver vídeo). Cuando cayó la noche, acompañé a dos voluntarios a la casa de «Dana», una familia (son varias en realidad porque viven en la misma parcela diferentes hermanos) que tiene por vecinos a todo un asentamiento ILEGAL, literalmente pared con pared.Digital image Nuestra presencia allí es nuevamente importante ya que tanto colonos como soldados «se cortan» un poco cuando nos ven, cortarse un poco significa que en vez de quemar 20 árboles queman uno, en vez de tirar cóctel molotovs tiran piedras, aunque esa noche por fortuna nada de eso ocurrió. La velada fue muy productiva para mí, de hecho los otros dos voluntarios estaban encantados con mi presencia ya que podía comunicarme en árabe y no fue una noche de mímica como otras veces. Estuvimos dialogando todo el tiempo con la escorrentía de niños que parecían salir debajo de las piedras, adultos que se paraban a curiosear sobre ese Abu Lihia (barbudo) que hablaba algo de árabe, y todo ello amenizado con un sinfín de comida y bebida que cada dos por tres nos servían. Otra cosa no, pero comí y aprendí árabe «por un tubo». Alrededor de las 2 de la noche, cuando vimos que estaba «todo el pescado vendido» y que aparentemente nada malo iba a suceder, decidimos adentrarnos en la casa y entornar un poco los ojos ya que a las 6 de la mañana teníamos que estar de nuevo en pie para vivir otra nueva aventura.

20151101124045Y esa aventura ha sido una de las experiencias más duras que he visto en mi vida. La tarea era sencilla, dividirnos entre los diferentes checkpoints para observar que los soldados no impidieran el paso, no atemorizasen, no amedrentasen a estudiantes (en su mayoría niños de no más de 4 años) en su camino hacia la escuela. Así es, como estáis leyendo. ¿En qué maligna mente hay un hueco para pensar por un momento en «asustar» a niños cuyo «delito» es arrastrar las mochilas, casi más grandes que sus propios cuerpos, hacia el colegio?. Estando allí sentado sentía una mezcla de sensaciones difícil de expresar, veía reflejado a mi sobrinillo David de 2 años y medio en esos niños que solo querían ir al colegio, y mi temperatura corporal subía de tal modo que pensaba que me iba a poner rubio como los Superguerreros de Dragon Ball Z cuando se cabrean. Me volví loco cuando en algunos momentos los soldados incluso llegaron a comprobar la mochila de algunos, quizá buscaban un «bic verde» o «tipex». Se me «fue un poco la cabeza» y les regalé una gran cantidad de improperios en un correctísimo español (con todas sus eses y todo) con lo que no era de extrañar que luego no nos dejasen pasar.
Por cierto, mencionar que a muchos adultos se les impidió el paso sin ningún motivo y que a uno en concreto intentaron llevárselo detrás de una caseta para apartarlo de nuestra vista (a saber que querían hacer con él), pero casi con movimientos de contorsionistas fuimos capaces de seguir filmando aquello que no querían que viésemos. Eso para ir al colegio, a la salida más de lo mismo. Mientras esperábamos en el patio del colegio a que sonase la campana, se nos acercó una profesora y nos m20151101124044ostró el dibujo de una niña de 6 años. Juzguen ustedes, una imagen vale más que mil palabras. Tras haber pasado dos días en Khalil (Hebrón), dos días en el infierno, dos días donde he pasado más miedo que en todas mis primaveras juntas, volví a la tranquilidad de mi pueblo dispuesto a comentar por radio una victoria de la UD Almería, victoria que seguimos anhelando.

Por cierto, noticias que muy seguramente no llegan allí, en Israel también hay manifestaciones en contra de su propio gobierno, de hecho hubo una en la misma puerta de la casa de Netanyahu. Por eso no hay que meter a todo el mundo en el mismo «saco» (nunca hay que hacerlo), personalmente me ha sorprendido la cantidad de judíos que están en contra, ya sean israelíes, americanos o del país de nunca jamás. Pero claro, estas cosillas supongo que no llegarán por aquellos castellanos y castizos lares…

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